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Diretor Fundador: João Ruivo Diretor: João Carrega Ano: XXIII

Opinião Universidad y entidades locales

Todas las universidades surgen en un contexto espacial concreto, sea una nación, una región, comunidad autónoma, ciudad o localidad determinada. Con independencia de su vocación hacia la universalidad del saber y de la ciencia, por eso es universitas desde su origen, la universidad se afinca en un espacio concreto (o en varios si es multicampus).
Una universidad debe aspirar a ser cosmopolita, abierta a todo el mundo, a todos los hombres y mujeres del planeta Tierra. Así debe ser su oferta docente, su dedicación investigadora, su extensión universitaria o proyección cultural, científica y económica para todos, pero también sobre el territorio de proximidad. Una universidad pública se debe a su espacio cercano de forma preferente. Por eso deben sus dirigentes cuidar los efectos sociales y económicos que cualquier decisión que adopten pueda proyectarse sobre la ciudad que la acoge. La universidad se debe a su ciudad, a los pueblos y localidades donde se asienta.
Pero también los responsables y dirigentes políticos de las respectivas ciudades y pueblos donde se proyecta con facilidad la universidad deben ser conscientes de los grandes beneficios que la universidad reporta a los ciudadanos que caen bajo su jurisdicción. Desde el origen mismo de las universidades así fue, las ciudades de acogida apostaron con firmeza por la necesaria protección y apoyo a las incipientes escuelas, a la emergente universidad.
Hoy sería impensable encontrar una ciudad española que no desease acoger una universidad, o un centro universitario. Todas las capitales de provincia, y muchos pueblos y ciudades grandes, están orgullosos de poseer en su territorio una sede, o un centro de educación superior. Para ello ha sido necesario que pongan a disposición locales, edificios o superficies donde construir el espacio universitario de referencia.
Dicho esto, ahí no acaba la responsabilidad mutua de colaboración entre universidad y entidad local, porque ya se ha producido un simbiosis necesaria y fecunda, que debe regarse, alimentarse, para que sea realmente provechosa y fructífera.
La universidad debe pensar en proyectos de proyección cultural sobre la capital y provincia, en proyectos de investigación acordes con las demandas económicas del territorio de proximidad. Por ejemplo, proyectos pensados para dinamizar culturalmente una provincia, mediante la actividad formativa que ejerzan muchos de sus profesores a demanda de los pueblos y comunidades rurales es una buena noticia. Proyectos científicos pensados para el turismo sostenible en la provincia es buena noticia. Proyectos de investigación diseñados para combatir enfermedades en la apicultura es buena noticia. Proyectos pensados para mejorar la salud física y mental de los mayores de una provincia es muy buena noticia. Es infinito el número de posibles actividades que pueden llegar a proyectarse desde la universidad sobre un territorio de proximidad. Por ello la universidad, a través de sus profesores, investigadores , institutos de investigación, estudiantes en prácticas, debe mantener vivo el compromiso activo con la comunidad, en sus muchas vertientes y variedades.
Al mismo tiempo, en esa enriquecedora simbiosis las entidades locales y sus dirigentes deben tener la formación y lucidez necesaria para ofrecer a la universidad recursos varios de tipo económico y apoyo institucional, para facilitar proyectos de investigación conjuntos, becas de apoyo a investigadores noveles, becas de estudio para máster, exenciones tributarias para determinados proyectos y servicios emanados desde la universidad. Hay que ser inteligentes, pensando en el beneficio mutuo a medio y largo plazo, sin pensar en rentabilidad electoral a la vista.
Pero los pueblos y ciudades no son solo sus representantes políticos en la corporación municipal, por muy importante que sea esta función que desempeñan representantes de partidos políticos o candidaturas locales, que desde luego lo es. Está también la sociedad civil, las asociaciones de mayores y de jóvenes, de empresarios y de mujeres, los centros de estudios locales que se dedican al estudio científico de las cuestiones que afectan a la localidad y su entorno, los asuntos del patrimonio público y privado de la localidad, los relativos a la protección del medio ambiente en el territorio de responsabilidad local, de empresas variadas que puedan tener interés en mejorar su proyección socioeconómica. Esta tupida red de iniciativas, asociaciones, proyectos, debe pensar con lucidez en el mejor de los posibles cooperadores, socios para sus ideas de mejora y transformación del entorno. Debe pensar en la universidad, en todos sus muchos recursos humanos y de masa crítica dispuesta a colaborar.
Igualmente la universidad nunca debe pensar unidireccionalmente sobre un territorio, o solo en sus políticos, sino contemplar la diversidad de recursos, iniciativas y potencialidades que encierran las localidades de su entorno próximo.
Nunca debe plantearse entre ambos un debe utilitario, ni una disyuntiva. La universidad como servicio público se debe a todos. Las entidades locales, en su diversidad y recursos disponibles deben estar dispuestas a ofrecer recursos humanos y materiales y a recibir ayuda de la universidad.
Esta simbiosis propuesta debe erigirse en una constante acción de apoyo y recepción entre universidad y entidades locales, con voluntad de permanencia y continuidad, sin apuestas solo puntuales.

José Maria Hernández Díaz
Universidad de Salamanca
jmhd@usal.es