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Opinião Fiestas patronales y botellones universitarios

En la vida de los hombres y de sus instituciones , además de la actividad laboral permanente o puntual, se contemplan tiempos, más o menos prolongados, de descanso, de fiesta, de celebraciones y de conmemoraciones. Estos cortes establecidos en el curso habitual de la actividad laboral, tanto en el plano del individuo como en el del grupo y de la sociedad, vienen marcados por la necesidad de reponer fuerzas físicas y mentales, para poder continuar trabajando una temporada más, un tiempo más prolongado de actividad. También lo hemos de aplicar a la universidad.
Necesitamos el descanso y el cambio de actividad para reponer nuestro desgaste físico y mental. Esto lo han aprendido los hombres y mujeres a lo largo de la historia, y también lo han reivindicado como algo legítimo desde la revolución industrial y el reconocimiento de diferentes derechos del hombre y del ciudadano a partir de l triunfo de las revoluciones burguesas. Más tarde se ha ido ampliando y generalizando por todos los países y continentes, con mayor o menor éxito de aplicación.
Además de esa imprescindible recuperación física y mental, los hombres y mujeres vienen celebrando desde tiempos inmemoriales días y etapas especiales a socializarse, a encontrarse, para saludarse, reír juntos, bailar, enamorarse, cantar y escuchar música, cultivo de competiciones sanas. Se sirven para todo ello de diferentes expresiones físicas o imaginadas, religiosas o laicas, construyen y practican ritos y rituales. Todas las culturas han actuado así a lo largo de los tiempos, y han sostenido su vigencia y vitalidad mediante el cultivo de diferentes rituales en días o fechas señaladas, repitiendo o transformando las celebraciones, con música, danza, encuentro explícito de hombres y mujeres, uso de licores o de ciertos narcóticos, consumo de determinados alimentos, besos y abrazos. El hombre y sus expresiones están rebosando expresiones rituales, que suelen ser sugerencias, invitaciones, mucho más que realizaciones explícitas.
Si atendemos a la lectura de un reciente libro de pequeñas dimensiones, pero profundo de planteamientos en torno al tema que ahora nos ocupa, como el que escribe el pensador coreano Byung-Chul Han, titulado “La desaparición de los rituales” (2020), nos invade un gran desasosiego. Él lo aplica con brillantez explicativa a todas las esferas de la vida de hombres y mujeres, a la relación familiar y de pareja, al encuentro amistoso y al sexual, al consumo desaforado de productos varios, incluidos los licores y espirituosos, a la vida social y profesional. El listado es interminable, como lo es la cantidad y diversidad de actividades de las diferentes sociedades.
Pues bien, todo ello tiene una aplicación a algunas de las prácticas sociales de las universidades de nuestro tiempo, como son las conmemoraciones festivas en torno a patrones/protectores religiosos, o a festejos laicos. Durante cada curso académico se celebran con más o menos intensidad numerosas y variadas fiestas en las respectivas Facultades universitarias, y algunas con carácter general de universidad (el caso de la festividad de Santo Tomás es la más evidente y tradicional).
Nosotros pensamos que es conveniente celebrar tales festividades, por la razones ya aludidas más atrás, pero no de cualquier forma y precio. La mayoría de estas celebraciones se ha reducido a un desaforado consumo de alcohol, que incluso dificulta la práctica de elementos sustantivos dentro de la fiesta, como pueda ser la alegría, la ingesta de alimentos saludables, los bailes y otros disfrutes que cultivan la belleza de las realizaciones culturales, de jóvenes y adultos. Esto es así por una razón contundente, como es la desaparición de los rituales, y la transformación de todos los procesos, próximos o concomitantes a la fiesta, en un inmenso y constante mercadeo consumista, que de forma muy frecuente confluye en la más horrenda y burda chabacanería de conductas desinhibidas de miles de jóvenes, de constantes y masivos botellones, preferentemente en la noche (s), pero no solo. Estas prácticas dejan en las personas que las observan o padecen una deplorable imagen de suciedad, conductas incívicas, ordinariez, ausencia de originalidad y creatividad, repetición de nuevos rituales consumistas impuestos por los intereses comerciales de hosteleros sin escrúpulos, y por modelos de conducta sociales carentes de valores de convivencia ciudadana y de saber disfrutar de la fiesta de forma adecuada, divertida, fecunda, alegre y socializada.
Los inicios de cada curso académico, a veces, comienzan en una Facultad o Colegio universitarios con indecentes novatadas para los estudiantes que llegan por primera vez, aduciendo tradiciones arraigadas y parecidas a los ritos de iniciación. Estas acciones de imposición a los novatos son de muy mal gusto, y generan aversión y desprecio por parte de la mayoría de los nuevos estudiantes, y sobre todo de los perjudicados. Las llamadas Fiestas Patronales difunden a la sociedad y al resto de la comunidad universitaria, una imagen completamente desfigurada de lo que es y debe ser la universidad. Las denominadas Nocheviejas Universitarias, no son más que otro montaje comercial de grupos de hosteleros que saben comerciar y manipular los deseos de los jóvenes. En suma, las fiestas universitarias han perdido el sabor de los buenos rituales, en los que debieran combinarse todos los elementos de la fiesta, como muy bien nos mostraron hace ya siglos nuestros pensadores griegos al hablar del banquete, en sentido real y figurado.
Nos sumamos al deseo, y a la preocupación, de muchos profesores, ciudadanos, y desde luego autoridades universitarias, de buscar nuevas y originales formas de recuperar rituales con profundo sentido simbólico en el contexto universitario, que conduzcan a la celebración de actividades capaces de suscitar bienestar intelectual, físico y estético entre todos los participantes que lo deseen.
En varias universidades se han dictado normas de convivencia y de persecución de estas conductas colectivas e individuales reprochables, y las aplaudimos. Pero , además, es preciso que desde los equipos de gobierno, incluidos los de las Facultades y Escuelas, se haga un esfuerzo constructivo para proponer celebraciones proactivas, y se abandone la actitud del “laissez-faire”, “laissez passer”, mirando a otro lado, sin buscar alternativas.
Mientras no se remedie este tipo de conductas colectivas en las fiestas/borracheras universitarias, la inmensa mayoría de los profesores no participa de esa forma de concebir la fiesta, y se convierte nada más que en un día no lectivo. Mientras no se ponga coto a este gamberrismo colectivo (y en cierta medida legitimado por inacción colectiva, y de las autoridades), perderemos un tiempo precioso para la educación de ciudadanos universitarios. Mientras no se busquen, y encuentren, alternativas de auténticos rituales las instituciones universitarias se degradan, caen en la ordinariez y en el mal gusto.
Seguramente que todos los implicados en la actividad formativa universitaria deberíamos elevar la voz, para denunciar lo impresentable, y para proponer celebraciones dignas de fiestas y ritos lúdicos con sentido educativo.

José Maria Hernández Díaz
Universidad de Salamanca
jmhd@usal.es