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Atualidade STEM versus Humanidades en la universidad

27-04-2026

Hace ya una década que en Estados Unidos se configuró una metodología específica, con currículo novedoso para la primaria y la educación secundaria, conocida como STEM. El acrónimo STEM en inglés significa: S (science), T (technology), E (engineering) y M (mathemathics).

Esta metodología de aprendizaje parte del modelo de resolución de problemas como vía de acceso al conocimiento por parte del estudiante, a partir de la consideración de esos cuatro grandes campos científicos y tecnológicos. Se trata, por tanto, de proteger e impulsar entre los escolares los conocimientos en ciencias experimentales, en tecnología, ingeniería y matemáticas, con el objetivo final de mejorar sustancialmente el nivel cultural y académico de la población norteamericana, que parece adolecer de fuerza competitiva con los sistemas educativos de otros países. Parecía entonces una apuesta estratégica para situar la cultura media técnica de los ciudadanos en un plano más elevado, tratando de acercarse al éxito que entonces ya obtenían varios sistemas educativos de extremo Oriente y Asia meridional.

Hace ya algún tiempo tuvimos la oportunidad de leer un artículo de Lei Zheng , investigadora de la universidad de Wisconsin-Madison, titulado ”La resolución de problemas puede ser sometida a debate: fantasmagramas performativos de crisis en la reforma educativa STEM de Estados Unidos”. En español fue publicado en la revista Historia de la Educación de 2021. La autora pone de manifiesto, de forma crítica, que se produce una aplicación mecánica de la propuesta pedagógica del STEM, con resultados muy inciertos.

Lo cierto es que el eco de esta propuesta ha llegado a otros países, tal vez con limitado conocimiento de lo que se produce en el lugar donde se ha generado la defensa del STEM, y se busca una aplicación mimética y facilona, que tal vez desautoriza ese modelo pedagógico, por una versión aplicada equivocada.

Pero a pesar de estos posibles recelos, en muchos países, y desde luego en España, se está produciendo un extraño boom escolar en torno al STEM, a veces con insuficiente conocimiento de causa.

Si trasladamos nuestra reflexión al ámbito de la universidad, de forma indirecta se viene produciendo una apuesta añadida por promover entre los jóvenes estudiantes el modelo STEM. Esta corriente nos sugiere estar asistiendo a una moda más, entre las posibles, pero trata de incentivar entre los estudiantes de bachillerato y formación profesional el estudio de carreras estrechamente vinculadas a las ciencias duras, las ingenierías, la tecnología y las matemáticas como soporte de todas ellas. Pero también se advierte la aspiración de introducir en las reformas de los nuevos planes de estudios una nueva perspectiva que, sin duda, choca con otros modelos clásicos, sobre todo en el ámbito de las ciencias sociales y las humanidades.

Este debate académico y curricular también debiera trasladarse a la universidad, porque atraviesa el ser  mismo de la estructura de los estudios de las distintas facultades y titulaciones, grados, másteres y doctorados. Esto es así porque el histórico proceso de aproximación, o de separación, entre las clásicas ciencias y letras ha conducido con frecuencia a auténticos analfabetismos científicos de unos y otros. Los de Ciencias son incultos para los de letras, humanidades y ciencias sociales, pero los de Letras son ignorantes en todo lo que se relaciona con las matemáticas, la tecnología y el saber hacer, o las aportaciones de las ciencias experimentales.

Desde el Renacimiento, cuando el hombre culto, representado como máximo exponente por Leonardo da Vinci, cultivaba todos los campos del saber y las ciencias prácticas, se hablaba de un concepto de hombre, de un modelo humanista que sabía integrar ambas derivadas. Esa trayectoria quedó interrumpida al segmentarse ambas posiciones, y se produjo una dicotomía irreparable, que alcanza a nuestros días, tanto en los currícula de educación primaria y secundaria, como en los estudios universitarios.

Entre nosotros, en la universidad se produjeron tímidos intentos de aproximación de las ciencias, de todas ellas, las llamadas de Ciencias y las llamadas de Letras. Aquella vía abierta para la formación complementaria mediante las disciplinas de libre configuración, o la obtención de créditos fuera del núcleo de la carrera elegida por el alumno, ha quedado completamente marginada. Ya nadie se acuerda del valor real formativo que pudiera lograr entre los estudiantes. Aunque aquella era una noble intención, que apostaba por una formación más humanista,  pronto quedó desdibujada.

Pues bien, nos parece que hoy, con o sin moda STEM en nuestros sistemas educativos, debiera impulsarse un diálogo permanente sobre el tema de la formación integral de nuestros graduados, y con decisiones de política educativa realmente transformadora. Lo que tenemos ahora no nos vale. Y tampoco resulta convincente el esfuerzo añadido que algunas autoridades hacen en pro de una orientación a los adolescentes, y a las niñas en particular, para que canalicen sus intereses, a veces de manera muy forzada, al ámbito de los STEM.

Los intereses de la industria o los del capital están generalmente bien definidos en sus peticiones, en función de sus intereses. Pero conviene advertir que los hombres no solo producen, sino que siempre  se hacen preguntas, se educan, se dotan de normas de convivencia, saben disfrutar del arte si se les enseña, utilizan la palabra y lo escrito para comunicarse e intercambiar belleza. En fin, como decía don Quijote en la novela universal, “dejemos que cada uno encuentre su estrella que le orienta por muy posibles diferentes caminos”, porque lo que importa al fin es la felicidad del hombre, o al menos intentar acercarse a ella.

La reflexión sobre los STEM hoy nos debe ayudar a concebir formas nuevas de pensar y educar, sin caer en un puro seguidismo de modas y pautas impuestas, ¡sabe Dios desde donde y cuando!

José María Hernández Díaz
Universidad de Salamanca jmhd@usal.es
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