El trabajo bien hecho día a día es lo que da solidez y calidad a una universidad. Lo fue en el pasado y lo es en la actualidad. Lejos de conformarse con los éxitos alcanzados años atrás, en siglos lejanos incluso, la universidad es una institución viva, que está obligada a estar al día, a actualizarse, a ofrecer servicios formativos e investigadores a la sociedad de proximidad, pero también al conjunto de la ciencia universal, y al ámbito nacional, europeo e internacional.
Si es fiel a sus principales misiones (docente, investigadora, difusora del conocimiento a la sociedad, así como la transferencia de resultados), ha de adaptarse a las demandas y cambios que va requiriendo cada época histórica del mundo, de la sociedad del país donde se ubica, de la Europa diversa pero con identidad que actúa como paraguas cultural de fondo. La universidad como institución tiene ante sí el reto diario de ser y parecer un organismo vivo, y en consecuencia con capacidad de adaptación.
Ya sabemos que en una sociedad democrática y abierta, libre, no es posible un modelo de universidad inamovible, que responda a criterios rígidos e inmutables. La universidad ofrece desde lo más profundo de su ser una actitud de adaptación y cambio, de mejora permanente, de inconformismo sano con lo ya existente. Incluso con su propia historia. Por ello la universidad ha de estar dispuesta a crecer, a hacerse más grande, en términos de magnitudes y sobre todo de calidad de lo que enseña, investiga o transfiere técnicamente.
Esta reflexión viene a cuento de lo que en estos días conocemos en la opinión pública de algunas novedades destacadas que destila la vida de una universidad como la de Salamanca, y que muestran la capacidad que tiene como institución de ofrecer servicios formativos a todos los interesados, procedan de donde quisiesen. Nos fijamos en dos actuaciones principales, pero nunca sin desmerecer lo que a diario investigan, enseñan, aprenden, difunden a la sociedad, varios miles de profesores e investigadores a sus estudiantes. Nos referimos en concreto a la inauguración de los cursos de español para extranjeros del presente verano de 2026, y a la reciente creación oficial de los estudios y Facultad de Veterinaria en la Universidad de Salamanca, por concesión oficial de la administración universitaria de la Junta de Castilla y León, previa gestión del equipo rectoral ante las autoridades de la Comunidad Autónoma.
Vayamos por partes.
El paraninfo de la universidad aparecía rebosante hace pocos días con estudiantes de español para extranjeros, procedentes de decenas de países de todo el mundo, para la inauguración de los cursos de verano para extranjeros. Este nutrido grupo es una parte importante de los ocho mil estudiantes de español que, de forma destacada en verano, y también a lo largo del curso académico, llegan a esta universidad para iniciarse o especializarse en la lengua española, bien como estudiantes o como profesores de español.
En sentido estricto, lo ocurrido en la inauguración de estos Cursos de Verano de Español para Extranjeros en 2026 no es una novedad. En nuestra universidad, por fortuna, desde 1929, hace casi un siglo, se inicia esta línea de actuación académica, y de gran proyección internacional. Con el paréntesis de algunos años en que el proyecto académico del español para extranjeros se diluye en parte, a causa de la guerra civil de 1936 y la posguerra, renace con fuerza y vitalidad a partir de 1963.
Desde entonces y hasta nosotros, la enseñanza de la lengua española para extranjeros ofrecida por la Universidad de Salamanca, ha atraído a sus aulas varios miles de estudiantes y profesores de los cinco continentes, y su demanda no hace más que crecer. Sus programas didácticos de español para extranjeros son modélicos y utilizados en otras universidades y países.
La enseñanza y el aprendizaje del español como lengua logra una demanda fuerte en todas partes por varias razones: diversidad de lenguas oficiales en la Unión Europea, creciente penetración del español como lengua en todo el mundo (en especial en los Estados Unidos), reconocimiento de la oficialidad del español en organismos internacionales (como por ejemplo la ONU, UNESCO, COI, entre varios), creciente demanda del uso cotidiano del español como vehículo comercial, cultural y científico, una población actual en todo el mundo de practicantes de más de 500 millones de hispano parlantes, o la activa política de apoyo de los gobiernos de España a la creación y sostenimiento de una red extensa de Centros del Instituto Cervantes, que en la actualidad llega al número de 88, apoyados sobre todo desde el Ministerio de Asuntos Exteriores. Son éstas algunas de las razones que explican la creciente demanda de este tipo de enseñanzas.
Los Cursos de Español para Extranjeros en nuestra universidad generan enorme proyección exterior, dinamismo y riqueza académica. Los responsables del programa, desde hace años. desempeñan un más que loable protagonismo en ese panorama amplio de instituciones que en muchas están comprometidas con la enseñanza del español como lengua extranjera.
Pero también conviene atender a los beneficios materiales, que repercuten en la ciudad de Salamanca principalmente. Hablamos de acogida de familias a estudiantes, residencias, alimentación, gastos de la sociabilidad de los jóvenes, viajes y salidas culturales, entre otros. Este programa es uno de los activos estrella de nuestra institución universitaria.
Desde otra vertiente, hoy queremos enfatizar también la importancia que tiene que la Universidad de Salamanca haya logrado, por primera vez, ofrecer a los futuros estudiantes interesados los estudios de Veterinaria en uno de sus campus, creando ahora la Facultad de Veterinaria que los contiene. Esta demanda era histórica para la universidad y para la ciudad y su entorno, pues estaba muy presente en un contexto agrícola y ganadero como el nuestro, y estaba justificada.
Los estudios de Veterinaria, como otros muchos del ámbito de las ingenierías y de las ciencias biosanitarias, estaban recluidos a un sector muy definido de centros en España. En sus inicios, en el corazón del siglo XIX, siguiendo de forma mimética el modelo centralista francés de escuelas técnicas y universidad, se emplazaban únicamente en Madrid. Pero a partir sobre todo de la LGE de 1970 se expandieron de forma lenta, pero constante, a diferentes emplazamientos universitarios españoles. Uno de los más reconocidos era, y es, precisamente el de León.
La llegada de estos estudios biosanitarios de veterinaria a la Universidad de Salamanca, junto a los ya existentes de ingeniería agrícola y medioambiental, representan un plus de calidad para una institución de educación superior que aspira al cultivo docente e investigador de todos los campos del saber y de la ciencia. Una universidad de excelencia solo es posible con el intercambio y proximidad de saberes, de una masa científica sólida en los diferentes campos de especialidad. Los saberes son todos los posibles, en plural, como diría el gran Alfonso X el Sabio en la Edad Media, cuando se refería a la organización de la primera universidad de su reino (1218), que era también una de las cuatro primeras creadas en Europa desde finales del siglo XII a los inicios del siglo XIII, junto a las de Bolonia, Paris y Oxford.
La llegada de la Veterinaria debe ser bienvenida y aplaudida, porque cumplirá compromisos con la sociedad que la acoge y con la institución universitaria y sus protagonistas, los actuales y los venideros.